Muchas gente que está bajo presiones y

desafios de la vida diaria y se pregunta

como un Dios amoroso pudo heber

creado un mundo tan lleno de dolores y

aflicciones. Lo que no entienden es que

todos los problemas del mundo que

enfrentamos diariamente tienen una

sola raiz, esta raiz fue una decisión que

cambió el destino de la humanidad…


Cuando Dios hizo al hombre (Adan), le

dio todo lo que necesitaba, para siempre.

Dios puso a Adan y a su esposa (Eva) en

un huerto que se llamaba Eden, y solo les dio una limitación – no podían

comer del fruto del arból del conociemiento del bien y del mal. Este

mandamiento de Dios fue la ley para Adan y Eva. Si la desobedecian,

morirían. Pero ellos querian más de lo que Dios les ofrecía, y después de

poco tiempo, quebrantaron el único mandamiento que Dios les había dado.


La Biblia dice que el pecado es, “desobedecer la ley.” Al violar la ley,

Adan y Eva pecaron. Antes de eso, no había muerte, pero después de esta

única decisión, “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el

pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto

todos pecaron.” [Romanos 5:12]


El pecado que nos separa de Dios lleva consigo un castigo fuerte: muerte

y separación de Dios por la eternidad en un lugar que se llama infierno-

“la paga del pecado es muerte.” [Romanos 6:23] Por causa de nuestros

pecados, nunca podremos ganar nuestro propio perdón. Aun nuestras

buenas obras no tienen valor para Dios. Por esta razón, Jesucristo dio

Su propia vida para pagar el precio por nuestros pecados cuando

murió en la cruz. La Biblia nos dice, “aun siendo pecadores, Cristo

murió por nosotros.” [Romanos 5:8] El amor de Dios para contigo es

incondicional. Aun en tu peor condición, Él hizo el último sacrificio para

que tu pudieras recibir paz duradera en Él.


Haga lo que haga, uno no puede salvarse a sí mismo. La Biblia lo dice muy

claro, “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,

sino por su misericordia.” [Tito 3:5].


La Palabra de Dios nos promete, “que si confesares con tu boca que Jesús es

el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás

salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se

confiesa para salvación.” [Romanos 10:9-10] ¿Has aceptado a Jesús como tu

Salvador personal? ¿Si murieras hoy mismo, estás seguro que irías al

cielo? Necesitas saberlo, y puedes saberlo ¡sin ninguna duda!


Tu puedes aceptar este regalo de salvación pidiendo a Jesucristo que

perdone tus pecados y que te de paz duradera en Él. Dios te ama, y Él está

listo y dispuesto a perdonarte. ¿Por qué no tomas está decision ahora

mismo? Será la decisión más sabia en tu vida, ¡y por la eternidad!